Ayúdanos a iniciar conversaciones difíciles que con demasiada frecuencia quedan en silencio. MAMA abre un espacio para reflexionar sobre cómo cuidamos a las pacientes con cáncer de mama—no solo desde lo médico, sino también en lo emocional y social. Usemos esta película para romper el silencio, compartir experiencias e imaginar un camino más compasivo para todas las mujeres afectadas por el cáncer.
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Visit the Cookie Policy pageCuando Ana Cristina Benítez tomó la cámara por primera vez, no pensaba en hacer una película. Solo quería sentirse menos sola. Diagnosticada con cáncer de mama justo cuando la pandemia llegó al Ecuador, Ana ingresó a un hospital transformado por el aislamiento y un vacío silencioso. Filmar se convirtió en su forma de sobrevivir. La cámara no era solo una herramienta, sino una compañera, una extensión de su cuerpo. Le permitió ser testigo de lo que le ocurría, no solo físicamente, sino también en lo emocional y espiritual.
MAMA nació de esta urgencia—no como un proyecto planeado, sino como un gesto de resistencia. Una forma de aferrarse a la vida, de habitar la ausencia, de reclamar el cuerpo frente a la enfermedad.
Con el tiempo, entendimos que esta no es una película para ver en soledad o simplemente para reproducir y olvidar. Su verdadero poder está en lo que ocurre después de la proyección: en las conversaciones que surgen, las lágrimas, los silencios y el valor de hablar. Abre espacio para decir aquello que muchas veces no se dice: el impacto emocional del cáncer, la soledad del tratamiento y la necesidad profunda de un cuidado que va más allá de lo médico.
Por eso nuestra campaña de impacto (ver sección de Impacto Alcanzado) busca llegar a públicos más allá de los espacios tradicionales—especialmente a quienes más necesitan estas conversaciones. Usamos MAMA como catalizador para facilitar diálogos difíciles a través de talleres creativos y herramientas que promueven la vulnerabilidad y la conexión. Estas conversaciones también son urgentes dentro de las comunidades con discapacidad, donde las experiencias de enfermedad y cuidado suelen quedar al margen. Por eso la película incluye subtítulos inclusivos, asegurando el acceso a personas sordas o con dificultades auditivas. En el centro de nuestro enfoque está la promoción del cine y otras prácticas artísticas como formas vitales de sanación y expresión, al tiempo que construimos redes de apoyo entre pacientes, cuidadores y profesionales de la salud.
Pero no podemos hacerlo solas.
Tu apoyo nos permite organizar proyecciones, encontrar y conectar con nuevas audiencias, y desarrollar herramientas creativas que despierten conversaciones urgentes, junto a profesionales de la salud mental, artistas y organizaciones aliadas.
Usemos esta película para abrir conversaciones difíciles. Creamos espacios para el cuidado, la escucha y la posibilidad de imaginar una forma más compasiva de acompañar la enfermedad—una que no solo valore la supervivencia, sino también la humanidad completa de quienes la atraviesan.